Rienda suelta
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¿Miedo Escénico o miedo al qué dirán?

Si tú, efectivamente, te sientes del todo con mucho miedo e incapaz, por ejemplo, cuando debes realizar una exposición ante otros, te mareas, desmayas, sufres de diarreas, taquicardias, sudoración o te da la sensación de quedarte sin respiración; definitivamente debes visitar a un especialista que actúe sobre tu caso. Como sucede con cualquier otro aprendizaje que hayamos realizado a lo largo de nuestra vida, con buenas dosis de voluntad y repetición, es más fácil de lo que crees, convertirte en un excepcional orador y, aunque te parezca mentira, llegar a disfrutar de este tipo de situaciones que ahora te resultan desagradables.

Y decir  que: no sufro “Miedo Escénico”, es el primer paso para sentirnos más seguros de nosotros mismos y continuar practicando o reflexionando sobre otro tipo de procedimientos que podamos practicar para mejorar nuestras exposiciones públicas.

Si estás leyendo este artículo, y te hace click puede que sea porque quizás sufres algún tipo de reacción antes o durante una conversación o presentación. Así, sabiendo que tu salud psicológica está perfecta, (al menos en este sentido), y sabiendo que no sufres ningún tipo de patología, puede ayudarte hacerte consciente de las siguientes apreciaciones:

  • Confianza en sí mismo
  • Controlar los pensamientos
  • Controlar la respiración
  • Educar la voz
  • Tener un registro de lo que se va a decir
  • Presentar gestos corporales adecuados
  • Tener concentración y desarrollar la elocuencia
  • Comprender que el 15% del mensaje es oral y el 85% es no verbal.

Solamente aquel que contribuye al futuro tiene derecho a juzgar el pasado”. Friedrich Nietzsche.

Práctica, práctica, práctica


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